Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Rimas y Leyendas (G.A. Bécquer)

Rima LXXXV: A Elisa

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Para que los leas con tus ojos grises, para que los cantes con tu clara voz, para que se llenen de emoción tu pecho hice mis versos yo. Para que encuentren en tu pecho asilo y le des juventud, vida, calor, tres cosas que yo no puedo darles, hice mis versos yo. Para hacerte gozar con mi alegría, para que sufras tú con mi dolor, para que sientas palpitar mi vida, hice mis versos yo. Para poder poner antes tus plantas la ofrenda de mi vida y de mi amor, con alma, sueños rotos, risas, lágrimas hice mis versos yo.

Rima LXII: "Primero es un albor trémulo y vago..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Primero es un albor trémulo y vago, raya de inquieta luz que corta el mar; luego chispea y crece y se dilata en ardiente explosión de claridad. La brilladora luz es la alegría; la temerosa sombra es el pesar: ¡ay! en la oscura noche de mi alma, ¿cuándo amanecerá?

Rima LXI: "Al ver mis horas de fiebre..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Al ver mis horas de fiebre e insomnio lentas pasar, a la orilla de mi lecho, ¿quién se sentará? Cuando la trémula mano tienda, próximo a expirar, buscando una mano amiga, ¿quién la estrechará? Cuando la muerte vidríe de mis ojos el cristal, mis párpados aún abiertos, ¿quién los cerrará? Cuando la campana suene (si suena, en mi funeral), una oración al oírla, ¿quién murmurará? Cuando mis pálidos restos oprima la tierra ya, sobre la olvidada fosa, ¿quién vendrá a llorar? ¿Quién, en fin, al otro día, cuando el sol vuelva a brillar, de que pasé por el mundo, ¿quién se acordará?

Rima LIX: "Yo sé cuál el objeto..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Yo sé cuál el objeto de tus suspiros es; yo conozco la causa de tu dulce secreta languidez. ¿Te ríes…? Algún día sabrás, niña, por qué: tú acaso lo sospechas, y yo lo sé. Yo sé lo que tú sueñas, y lo que en sueños ves; como en un libro puedo lo que callas en tu frente leer. ¿Te ríes…? Algún día sabrás, niña, por qué: tú acaso lo sospechas, y yo lo sé. Yo sé por qué sonríes y lloras a la vez; yo penetro en los senos misteriosos de tu alma de mujer. ¿Te ríes…? Algún día sabrás, niña, por qué: mientras tú sientes mucho y nada sabes yo, que no siento ya, todo lo sé.

Rima LVIII: "¿Quieres que de ese néctar...?"

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) ¿Quieres que de ese néctar delicioso no te amargue la hez? Pues aspírale, acércale a tus labios, y déjale después. ¿Quieres que conservemos una dulce memoria de este amor? Pues amémonos hoy mucho, y mañana digámonos ¡adiós!

Rima LIV: "Cuando volvemos las fugaces horas..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Cuando volvemos las fugaces horas del pasado a evocar, temblando brilla en sus pestañas negras una lágrima pronta a resbalar. Y al fin resbala, y cae como gota de rocío, al pensar que, cual hoy por ayer, por hoy mañana, volveremos los dos a suspirar.

Rima LI: "De lo poco de vida que me resta.."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) De lo poco de vida que me resta diera con gusto los mejores años, por saber lo que a otros de mí has hablado. Y esta vida mortal… y de la eterna lo que me toque, si me toca algo, por saber lo que a solas de mí has pensado.

Rima XXXV: "No me admiró tu olvido…"

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) ¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día me admiró tu cariño mucho más, porque lo que hay en mí que vale algo, eso… ¡ni lo pudiste sospechar!

Rima XXXII: "Pasaba arrolladora en su hermosura"

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Pasaba arrolladora en su hermosura y el paso le dejé; ni aun a mirarla me volví, y, no obstante, algo a mi oído murmuró: «ésa es». ¿Quién unió la tarde a la mañana? Lo ignoro; sólo sé que en una breve noche de verano se unieron los crepúsculos, y… «fue».

Rima XXIX: "Sobre la falda tenía"

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Anselm Feuerbach: "Paolo e Francesca" (1864) Sobre la falda tenía el libro abierto; en mi mejilla tocaban sus rizos negros; No veíamos las letras ninguno, creo; mas guardábamos ambos hondo silencio. ¿Cuanto duró? Ni aun entonces pude saberlo; solo sé que no se oía más que el aliento, que apresurado escapaba del labio seco. Solo sé que nos volvimos los dos a un tiempo, y nuestros ojos se hallaron, y sonó un beso. Creación de Dante era el libro, era su Infierno. Cuando a él bajamos los ojos, yo dije trémulo: ¿Comprendes ya que un poema cabe en un verso? Y ella respondió encendida: —¡Ya lo comprendo!

Rima XVI: "Si al mecer las azules campanillas..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Si al mecer las azules campanillas de tu balcón crees que suspirando pasa el viento murmurador, sabe que, oculto entre las verdes hojas, suspiro yo. Si al resonar confuso a tus espaldas vago rumor crees que por tu nombre te ha llamado lejana voz, sabe que, entre las sombras que te cercan, te llamo yo. Si te turba medroso en la alta noche tu corazón, al sentir en tus labios un aliento abrasador, sabe que, aunque invisible, al lado tuyo respiro yo.

Rima XIII: "Tu pupila es azul..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Tu pupila es azul, y cuando ríes su claridad suave me recuerda el trémulo fulgor de la mañana que en el mar se refleja. Tu pupila es azul, y cuando lloras las transparentes lágrimas en ella se me figuran gotas de rocío sobre una violeta. Tu pupila es azul, y si en su fondo como un punto de luz radia una idea, me parece en el cielo de la tarde ¡una perdida estrella!

Rima X: "Los invisibles átomos del aire.."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Los invisibles átomos del aire en derredor palpitan y se inflaman; el cielo se deshace en rayos de oro; la tierra se estremece alborozada; oigo flotando en olas de armonía rumor de besos y batir de alas; mis párpados se cierran… ¿Qué sucede? ¡Es el amor, que pasa!

"Dices que tienes corazón y sólo..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) RIMA LXXVII Dices que tienes corazón y sólo lo dices porque sientes sus latidos. Eso no es corazón...; es una máquina que al compás que se mueve hace ruido.

¿De donde vengo..? El más horrible y áspero...

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) RIMA LXVI ¿De dónde vengo..? El más horrible y áspero de los senderos busca: Las huellas de unos pies ensangrentados sobre la roca dura; los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas, te dirán el camino que conduce a mi cuna. ¿A dónde voy? El más sombrío y triste de los páramos cruza, valle de eternas nieves y de eternas melancólicas brumas. En donde esté una piedra solitaria sin inscripción alguna, donde habite el olvido, allí estará mi tumba.

"Mi vida es un erial..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) RIMA LX Mi vida es un erial, flor que toco se deshoja; que en mi camino fatal alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja.

""Hoy como ayer, mañana como hoy..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) RIMA LVI Hoy como ayer, mañana como hoy ¡y siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno y andar..., andar. Moviéndose a compás como una estúpida máquina, el corazón; la torpe inteligencia del cerebro dormida en un rincón. El alma, que ambiciona un paraíso, buscándole sin fe; fatiga sin objeto, ola que rueda ignorando por qué. Voz que incesante con el mismo tono canta el mismo cantar; gota de agua monótona que cae, y cae sin cesar. Así van deslizándose los días unos de otros en pos, hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos sin goce ni dolor. ¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando del antiguo sufrir... Amargo es el dolor; ¡pero siquiera padecer es vivir!

"Volverán las oscuras golondrinas..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) RIMA LIII Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres, ésas... ¡no volverán! Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día.... ésas... ¡no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar, tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido..., desengáñate, ¡así no te querrán!

"Olas gigantes que os rompéis bramando..."

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) RIMA LII Olas gigantes que os rompéis bramando en las playas desiertas y remotas, envuelto entre la sábana de espumas, ¡llevadme con vosotras! Ráfagas de huracán que arrebatáis del alto bosque las marchitas hojas, arrastrado en el ciego torbellino, ¡llevadme con vosotras! Nubes de tempestad que rompe el rayo y en fuego encienden las sangrientas orlas, arrebatado entre la niebla oscura, ¡llevadme con vosotras! Llevadme por piedad a donde el vértigo con la razón me arranque la memoria. ¡Por piedad!, ¡tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas!

"Alguna vez la encuentro por el mundo...""

Imagen
Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) RIMA XLIX Alguna vez la encuentro por el mundo, y pasa junto a mí; y pasa sonriéndose, y yo digo: "¿Cómo puede reír?" Luego asoma a mi labio otra sonrisa, máscara del dolor, y entonces pienso: "¡Acaso ella se ríe, como me río yo!"