La Dulcinea de Marcel Duchamp
Octavio Paz (1914-1998) A Eulalio Ferrer -Metafísica estáis. -Hago striptease. Ardua pero plausible, la pintura cambia la tela blanca en pardo llano y en Dulcinea al polvo castellano torbellino resuelto en escultura. Transeúnte de París, en su figura —molino de ficciones, inhumano rigor y geometría— Eros tirano desnuda en cinco chorros su estatura. Mujer en rotación que se disgrega y es surtidos de sesgos y reflejos: mientras más se desviste más se niega. La mente es una cámara de espejos; invisible en el cuadro, Dulcinea perdura: fue mujer y ya es idea.