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"La forma de querer tú"

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Pedro Salinas     (1891-1951) La voz a ti debida  (1933)   La forma de querer tú  es dejarme que te quiera.  El sí con que te me rindes  es el silencio. Tus besos  son ofrecerme los labios  para que los bese yo.  Jamás palabras, abrazos,  me dirán que tú existías,  que me quisiste: jamás.  Me lo dicen hojas blancas,  mapas, augurios, teléfonos;  tú, no.  Y estoy abrazado a ti  sin preguntarte, de miedo  a que no sea verdad  que tú vives y me quieres.  Y estoy abrazado a ti  sin mirar y sin tocarte.  No vaya a ser que descubra  con preguntas, con caricias,  esa soledad inmensa  de quererte sólo yo.

"Para vivir no quiero..."

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Pedro Salinas     (1891-1951) La voz a ti debida  (1933)   Para vivir no quiero  islas, palacios, torres.  ¡Qué alegría más alta:  vivir en los pronombres! Quítate ya los trajes,  las señas, los retratos;  yo no te quiero así,  disfrazada de otra,  hija siempre de algo.  Te quiero pura, libre,  irreductible: tú.  Sé que cuando te llame  entre todas las gentes  del mundo,  sólo tú serás tú.  Y cuando me preguntes  quién es el que te llama,  el que te quiere suya,  enterraré los nombres,  los rótulos, la historia.  Iré rompiendo todo  lo que encima me echaron  desde antes de nacer.  Y vuelto ya al anónimo  eterno del desnudo,  de la piedra, del mundo,  te diré:  «Yo te quiero, soy yo».

"Si me llamaras..."

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Pedro Salinas    (1891-1951) La voz a ti debida (1933)  ¡Si me llamaras, sí, si me llamaras! Lo dejaría todo, todo lo tiraría: los precios, los catálogos, el azul del océano en los mapas, los días y sus noches, los telegramas viejos y un amor. Tú, que no eres mi amor, ¡si me llamaras! Y aún espero tu voz: telescopios abajo, desde la estrella, por espejos, por túneles, por los años bisiestos puede venir. No sé por dónde. Desde el prodigio, siempre. Porque si tú me llamas —¡si me llamaras, sí, si me llamaras!— será desde un milagro, incógnito, sin verlo. Nunca desde los labios que te beso, nunca desde la voz que dice: “No te vayas.”

"La voz a ti debida"

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Pedro Salinas    (1891-1951)  La voz a ti debida (1933)  Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de tus dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu música. La vida es lo que tú tocas. De tus ojos, sólo de ellos, sale la luz que te guía los pasos. Andas por lo que ves. Nada más. Y si una duda te hace señas a diez mil kilómetros, lo dejas todo, te arrojas sobre proas, sobre alas, estás ya allí; con los besos, con los dientes la desgarras: ya no es duda. Tú nunca puedes dudar.

"Carta de Pedro Salinas a Katherine Whitmore"

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Pedro Salinas (1891-1951)   "De noche me he despertado, a altas horas, alarmado, como si hubiese oído un grito, y era sólo mi alma, que se preguntaba, anhelosa: '¿Te querrá aún?'. Sensación espantosa de que en aquel momento, sin que yo pudiese hacer nada por evitarlo, tú estabas empezando a dejar de quererme. Pero tú, Katherine, con un tacto y una delicadeza incomparables, poco a poco, has ido venciendo, has ido inclinándome a creer en una posibilidad de nuestro amor. En la posibilidad de nuestro amor. En la posibilidad esencial, básica, la interior. Y en la otra, asimismo, alma, en la exterior. 'Nos veremos. No lo dudes nunca'. Así, ¡qué gusto, qué alegría! El niño débil que hay en mí se consuela en estas palabras, se refugia en ellas, cobra ánimos y fuerza, cree en todo, todo posible. Lo exterior y lo interior. El plazo inmenso, sin límite, de querernos, y el plazo concreto, con fecha de vernos. Mi alma, mi vida necesitan saber que tu amor es ...