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Mostrando las entradas etiquetadas como Religión

"Ya al final de mi vida de pecador..."

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Umberto Eco (1932-2016) El nombre de la rosa    Ya al final de mi vida de pecador, mientras, canoso y decrépito como el mundo, espero el momento de perderme en el abismo sin fondo de la divinidad desierta y silenciosa, participando así de la luz inefable de las inteligencias angélicas, en esta celda del querido monasterio de Melk, donde aún me retiene mi cuerpo pesado y enfermo, me dispongo a dejar constancia sobre este pergamino de los hechos asombrosos y terribles que me fue dado presenciar en mi juventud, repitiendo verbatim cuanto vi y oí, y sin aventurar interpretación alguna, para dejar, en cierto modo, a los que vengan después (si es que antes no llega el Anticristo) signos de signos, sobre los que pueda ejercerse la plegaria del desciframiento.     El señor me concede la gracia de dar fiel testimonio de los acontecimientos que se produjeron en la abadía cuyo nombre incluso conviene ahora cubrir con un piadoso manto de silencio, hacia finales del año 1327, c...

"Cantiga de los clérigos de Talavera"

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  Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, S.XIV Libro de Buen amor Allá por Talavera, a principios de abril, llegadas son las cartas de Arzobispo don Gil, en las cuales venía un mandato no vil que, si a alguno agradó, pesó a más de dos mil. Este pobre Arcipreste, que traía el mandado, más lo hacía a disgusto, creo yo, que de grado. Mandó juntar Cabildo; de prisa fue juntado, ¡pensaron que traía otro mejor recado! Comenzó el Arcipreste a hablar y dijo así: -“Si a vosotros apena, también me pesa a mí. ¡Pobre viejo mezquino! ¡En qué envejecí, en ver lo que estoy viendo y en mirar lo que vi!” Llorando de sus ojos comenzó esta razón: Dijo: -“¡El Papa nos manda esta Constitución, oS lo he de decir, sea mi gusto o no, aunque por ello sufra de rabia el corazón.” Las cartas recibidas eran de esta manera; Que el cura o el casado, en toda Talavera, no mantenga manceba, casada ni soltera: el que la mantuviese, excomulgado era. Con aquestas razones que el mandato decía quedó muy quebrantada toda la cler...

El personaje frente a su autor

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Miguel de Unamuno  (1864-1936) Niebla , cap.XXXI Aquella tempestad del alma de Augusto terminó, como en terrible calma, en decisión de suicidarse. Quería acabar consigo mismo, que era la fuente de sus desdichas propias. Mas antes de llevar a cabo su propósito, como el náufrago que se agarra a una débil tabla, se le ocurrió consultarlo conmigo, con el autor de todo este relato. Por entonces había leído Augusto un ensayo mío en que, aunque de pasada, hablaba del suicidio, y tal impresión pareció hacerle, así como otras cosas que de mí había leído, que no quiso dejar este mundo sin haberme conocido y platicado un rato conmigo. Emprendió, pues, un viaje, acá, a Salamanca, donde hace más de veinte años vivo, para visitarme.

"Milagros de Nuestra Señora: Introducción alegórica"

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Gonzalo de Berceo  (1197-1264?) Milagros de Nuestra Señora Amigos y vasallos de Dios omnipotente, si escucharme quisierais de grado atentamente yo os querría contar un suceso excelente: al cabo lo veréis tal, verdaderamente. yo, el maestro Gonzalo de Berceo hoy llamado, yendo en romería acaecí en un prado verde, y bien sencillo, de flores bien poblado, lugar apetecible para el hombre cansado. Daban color soberbio las flores bien olientes, refrescaban al par las caras y las mentes; manaban cada canto fuentes claras, corrientes, en verano bien frías, en invierno calientes. Gran abundancia había de buenas arboledas, higueras y granados, perales, manzanedas, y muchas otras frutas de diversas monedas, pero no las había ni podridas ni acedas. La verdura del prado, el olor de las flores, las sombras de los árboles de templados sabores refrescáronme todo, y perdí los sudores: podría vivir el hombre con aquellos olores. Nunca encontré ...

Milagro XI : "El labrador avaro"

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Gonzalo de Berceo  (1197-1264?) Milagros de Nuestra Señora Había en una tierra  un hombre labrador, que usaba de la reja  más que de otra labor; más amaba la tierra  que amaba al Criador; era de muchos modos  hombre revolvedor. Hacía una enemiga, hacíala en verdad: cambiaba los mojones  por ganar heredad; hacía en todas formas  tuertos y falsedad, había mal testimonio  entre su vecindad. Quería, aunque era malo,  bien a Santa María, oía sus milagros  y todos los creía; saludábala siempre,  decíale cada día: «Ave gratia plena  que pariste a Mesías.»

"Cántico espiritual"

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San Juan de la Cruz (1541-1591) Esposa ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando, y eras ido.   Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero: si por ventura vierdes aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero.   Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.

"Noche oscura del alma"

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San Juan de la Cruz (1541-1591)    En una noche oscura con ansias en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada estando ya mi casa sosegada A oscuras y segura por la secreta escala, disfrazada, ¡oh dichosa ventura!, a oscuras y en celada, estando ya mi casa sosegada. En la noche dichosa, en secreto que nadie me veía ni yo miraba cosa sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía.

"Oda I: Vida retirada"

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Fray Luis de León (1527-1591) ¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruïdo, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido; Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio Moro, en jaspe sustentado! No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera.

"Oda III: A francisco Salinas"

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Fray Luis de León (1527-1591) A Francisco Salinas Catedrático de Música  de la Universidad de Salamanaca El aire se serena y viste de hermosura y luz no usada, Salinas, cuando suena la música estremada, por vuestra sabia mano gobernada. A cuyo son divino el alma, que en olvido está sumida, torna a cobrar el tino y memoria perdida de su origen primera esclarecida. Y como se conoce, en suerte y pensamientos se mejora; el oro desconoce, que el vulgo vil adora, la belleza caduca, engañadora.