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Mostrando las entradas etiquetadas como José de Espronceda

"La desesperación"

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José de Espronceda  (1808-1842) Canciones Me gusta ver el cielo  con negros nubarrones  y oír los aquilones  horrísonos bramar,  me gusta ver la noche  sin luna y sin estrellas,  y sólo las centellas  la tierra iluminar. Me agrada un cementerio  de muertos bien relleno,  manando sangre y cieno  que impida el respirar,  y allí un sepulturero  de tétrica mirada  con mano despiadada  los cráneos machacar.

La dama del velo blanco

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José de Espronceda (1808-1842) El estudiante de Salamanca Y entonces la visión del blanco velo  al fiero Montemar tendió una mano,  y era su tacto de crispante hielo,  y resistirlo audaz intentó en vano:      galvánica, cruel, nerviosa y fría,  histérica y horrible sensación,  toda la sangre coagulada envía  agolpada y helada al corazón...      Y a su despecho y maldiciendo al cielo,  de ella apartó su mano Montemar,  y temerario alzándola a su velo,  tirando de él la descubrió la faz.

Don Félix de Montemar

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José de Espronceda  (1808-1842) El estudiante de Salamanca Segundo don Juan Tenorio, alma fiera e insolente, irreligioso y valiente, altanero y reñidor:    Siempre el insulto en los ojos, en los labios la ironía, nada teme y toda fía de su espada y su valor.    Corazón gastado, mofa de la mujer que corteja, y, hoy despreciándola, deja  la que ayer se le rindió.    Ni el porvenir temió nunca, ni recuerda en lo pasado la mujer que ha abandonado, ni el dinero que perdió.

La noche

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José de Espronceda  (1808-1842) El estudiante de Salamanca Era más de media noche, antiguas historias cuentan, cuando en sueño y en silencio lóbrego envuelta la tierra, los vivos muertos parecen,   los muertos la tumba dejan.

"A Jarifa en una orgía"

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José de Espronceda  (1808-1842) Canciones ' Odalisque' ,  Jules Joseph Lefebvre Trae, Jarifa, trae tu mano, ven y pósala en mi frente, que en un mar de lava hirviente mi cabeza siento arder. Ven y junta con mis labios esos labios que me irritan, donde aún los besos palpitan de tus amantes de ayer. ¿Qué la virtud, la pureza? ¿qué la verdad y el cariño? Mentida ilusión de niño, que halagó mi juventud. Dadme vino: en él se ahoguen mis recuerdos; aturdida sin sentir huya la vida; paz me traiga el ataúd. El sudor mi rostro quema, y en ardiente sangre rojos brillan inciertos mis ojos, se me salta el corazón. Huye, mujer; te detesto, siento tu mano en la mía, y tu mano siento fría, y tus besos hielos son.

"Canto a Teresa"

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(fragmentos) José de Espronceda  (1808-1842)  El Diablo Mundo Atala au tombeau- Anne-Louis Girodet (1808) ¿Por qué volvéis a la memoria mía, tristes recuerdos del placer perdido, a aumentar la ansiedad y la agonía de este desierto corazón herido? ¡Ay!, que de aquellas horas de alegría le quedó al corazón sólo un gemido, y el llanto que al dolor los ojos niegan lágrimas son de hiel que el alma anegan. ¿Dónde volaron, ¡ay!, aquellas horas de juventud, de amor y de Ventura, regaladas de músicas sonoras, adornadas de luz y de hermosura? Imágenes de oro bullidoras, sus alas de carmín y nieve pura, al son de mi esperanza desplegando, pasaban, ¡ay!, a mí alrededor cantando.

"Canción del mendigo"

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José de Espronceda (Primera mitad del siglo XIX) Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor. Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor. Mío es el mundo como el aire libre...

"Canción del pirata"

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José de Espronceda (Primera mitad del siglo XIX) Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín. Bajel pirata que llaman, por su bravura, El Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento olas de plata y azul; y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Istambul: Navega, velero mío sin temor, que ni enemigo navío ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor. Veinte presas hemos hecho a despecho del inglés y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies. Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar.