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Mostrando las entradas etiquetadas como Modernismo y Generación del 98

"Yo voy soñando caminos..."

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Antonio Machado Finales del XIX-Principios del XX Soledades, galerías y otros poemas (1902/1907) Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!... ¿Adónde el camino irá? Yo voy cantando, viajero a lo largo del sendero... - La tarde cayendo está-. "En el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón". Y todo el campo un momento se queda, mudo y sombrío, meditando. Suena el viento en los álamos del río. La tarde más se oscurece; y el camino que serpea y débilmente blanquea se enturbia y desaparece. Mi cantar vuelve a plañir: "Aguda espina dorada, quién te pudiera sentir en el corazón clavada".

"Caracol"

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  Rubén Darío (1867-1916) Cantos de vida y esperanza (1905) En la playa he encontrado un caracol de oro macizo y recamado de las perlas más finas; Europa le ha tocado con sus manos divinas cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro. He llevado a mis labios el caracol sonoro y he suscitado el eco de las dianas marinas, le acerqué a mis oídos y las azules minas me han contado en voz baja su secreto tesoro. Así la sal me llega de los vientos amargos que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos cuando amaron los astros el sueño de Jasón; y oigo un rumor de olas y un incógnito acento y un profundo oleaje y un misterioso viento... (El caracol la forma tiene de un corazón.)

Retrato

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 Manuel Machado  (1874-1947) Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed. Unos ojos de hastío y una boca de sed... Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe... Calaveradas, amoríos... Nada grave, Un poco de locura, un algo de poesía, una gota del vino de la melancolía... ¿Vicios? Todos. Ninguno... Jugador, no lo he sido; ni gozo lo ganado, ni siento lo perdido. Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla, media docena de cañas de manzanilla. Las mujeres... -sin ser un tenorio, ¡eso no!-, tengo una que me quiere y otra a quien quiero yo. Me acuso de no amar sino muy vagamente una porción de cosas que encantan a la gente... La agilidad, el tino, la gracia, la destreza, más que la voluntad, la fuerza, la grandeza... Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero, a olor helénico y puro, lo "chic" y lo torero. Un destello de sol y una risa oportuna amo más que las languideces de la luna Medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-, Con Montmartre y con la Macarena comulgo... Y ant...

Publican las obras completas de Juan Ramón Jiménez revisadas por el corrector del móvil

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El Mundo Today EL CORRECTOR DEL MÓVIL INSISTE EN LLAMAR "JAJAJA RABO JIMÉNEZ" AL AUTOR- Tras varios años de trabajo, el autocorrector del móvil ha terminado de revisar la obra completa de Juan Ramón Jiménez, que se ofrece por primera vez en varios volúmenes completamente corregidos. Esta edición desmitifica la imagen de un Juan Ramón ajeno a la ortodoxia ortográfica y que, por ejemplo, acostumbraba a sustituir las ges por jotas. “El autocorrector del móvil ha añadido una nueva dimensión a la obra de Juan Ramón a quien, por cierto, insiste en llamar ‘Juan Ramoneda Jaén’, ‘Jus Ricardo Jiménez’ o ‘Jajaj Rabo Jiji’”, explicaba ayer el director de la edición durante la presentación. Según dice, el proceso de revisión ha obligado a reescribir la obra íntegra de Juan Ramón en el móvil “y pulsar la primera palabra que proponía el propio móvil para darla por válida y sustituir la original e incorrecta”. Se ha facilitado a los medios el primer capítulo de “Platónico ...

"Era un niño que soñaba"

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Antonio Machado Campos de Castilla (1912) "Parábolas" (fragmento) Era un niño que soñaba un caballo de cartón.  Abrió los ojos el niño y el caballito no vio.  Con un caballito blanco el niño volvió a soñar;  y por la crin lo cogía...  ¡Ahora no te escaparás!  Apenas lo hubo cogido,  el niño se despertó.  Tenía el puño cerrado.  ¡El caballito voló!  Quedóse el niño muy serio pensando que no es verdad un caballito soñado.  Y ya no volvió a soñar.  Pero el niño se hizo mozo y el mozo tuvo un amor,  y a su amada le decía:  ¿Tú eres de verdad o no?  Cuando el mozo se hizo viejo pensaba: Todo es soñar,  el caballito soñado y el caballo de verdad.  Y cuando vino la muerte,  el viejo a su corazón preguntaba: ¿Tú eres sueño?  ¡Quién sabe si despertó! 

Melancolia

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía. Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. Voy bajo tempestades y tormentas ciego de sueño y loco de armonía. Ése es mi mal. Soñar. La poesía es la camisa férrea de mil puntas cruentas que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas dejan caer las gotas de mi melancolía. Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo; a veces me parece que el camino es muy largo, y a veces que es muy corto…

"El verso sutil que pasa o se posa"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) El verso sutil que pasa o se posa Sobre la mujer o sobre la rosa, Beso puede ser, o ser mariposa. En la fresca flor el verso sutil; El triunfo de amor en el mes de abril: Amor, verso y flor, la niña gentil. Amor y dolor. Halagos y enojos. Herodías ríe en los labios rojos. Dos verdugos hay que están en los ojos. ¡Oh, saber amar es saber sufrir! Amar y sufrir, sufrir y sentir, Y el hacha besar que nos ha de herir… ¡Rosa de dolor, gracia femenina; Inocencia y luz, corola divina! Y aroma fatal y cruel espina… Líbranos, Señor, de abril y la flor Y del cielo azul y del ruiseñor, De dolor y amor, líbranos, Señor.

"La bailarina de los pies desnudos"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Iba, en un paso rítmico y felino a avances dulces, ágiles o rudos, con algo de animal y de divino la bailarina de los pies desnudos. Su falda era la falda de las rosas, en sus pechos había dos escudos... Constelada de casos y de cosas... La bailarina de los pies desnudos. Bajaban mil deleites de los senos hacia la perla hundida del ombligo, e iniciaban propósitos obscenos azúcares de fresa y miel de higo. A un lado de la silla gestatoria estaban mis bufones y mis mudos... ¡Y era toda Selene y Anactoria la bailarina de los pies desnudos! (Dedicado a Isadora Duncan, famosa bailarina de la época, en la foto)

¿Cómo decía usted, amigo mío?

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) ¿Cómo decía usted, amigo mío? ¿Qué el amor es un río? No es extraño. Es ciertamente un río que, uniéndose al confluente del desvío, va a perderse en el mar del desengaño.

"¡Oh, mi adorada niña!"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) ¡Oh mi adorada niña!  Te diré la verdad:  tus ojos me parecen  brasas tras un cristal;  tus rizos, negro luto,  y tu boca sin par,  la ensangrentada huella del filo de un puñal.

"Pasa y olvida"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Peregrino que vas buscando en vano un camino mejor que tu camino, ¿cómo quieres que yo te dé la mano, si mi signo es tu signo, Peregrino? No llegarás jamás a tu destino; llevas la muerte en ti como el gusano que te roe lo que tienes de humano… ¡lo que tienes de humano y de divino! Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante! Todavía te queda muy distante ese país incógnito que sueñas… Y soñar es un mal. Pasa y olvida, pues si te empeñas en soñar, te empeñas en aventar la llama de tu vida.

"Cuando llgues a amar"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Cuando llegues a amar, si no has amado, sabrás que en este mundo es el dolor más grande y más profundo ser a un tiempo feliz y desgraciado. Corolario: el amor es un abismo de luz y sombra, poesía y prosa, y en donde se hace la más cara cosa que es reír y llorar a un tiempo mismo. Lo peor, lo más terrible, es que vivir sin él es imposible.

"Antonio Machado sube al altar"

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EL PAÍS 20/Febrero/2011 El poeta español recibe miles de cartas en el buzón instalado junto a su tumba en Collioure - Sus admiradores le piden perdón y favores como a un santo laico. El poeta que nunca persiguió la gloria está en un altar. Antonio Machado (Sevilla, 1875) cruzó a pie, empapado de lluvia y congoja, el último trecho de la frontera francesa el 27 de enero de 1939. Atrás dejaba una guerra perdida. Por delante, no veía nada: sobrevivió 26 días. En la pensión Quintana de Collioure hizo varias cosas por última vez: pasear hasta el mar, corregir un poema, escribir un nuevo verso ("Estos días azules y este sol de la infancia") y anotar en inglés el comienzo del monólogo de Hamlet ("To be or not to be") sobre un papel arrugado que su hermano José encontró en el bolsillo del gabán varios días después. El escritor Jean Cassou, en nombre de un grupo de artistas franceses, propuso que sus cenizas se trasladasen a París, pero José Machado declinó la of...

La muerte de Max Estrella y el nacimiento del Esperpento

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Ramón María del Valle-Inclán Luces de Bohemia (1924) Rinconada en costanilla y una iglesia barroca por fondo. Sobre las campanas negras, la luna clara. DON LATINO y MAX ESTRELLA filosofan sentados en el quicio de una puerta. A lo largo de su coloquio, se torna lívido el cielo. En el alero de la iglesia pían algunos pájaros. Remotos albores de amanecida. Ya se han ido los serenos, pero aún están las puertas cerradas. Despiertan las porteras. MAX: ¿Debe estar amaneciendo? DON LATINO: Así es. MAX: ¡Y que frío! DON LATINO: Vamos a dar unos pasos. MAX: Ayúdame, que no puedo levantarme. ¡Estoy aterido! DON LATINO: ¡Mira que haber empeñado la capa! MAX: Préstame tu carrik, Latino. DON LATINO: ¡Max, eres fantástico! MAX: Ayúdame a ponerme en pie. DON LATINO: ¡Arriba, carcunda! MAX: ¡No me tengo! DON LATINO: ¡Qué tuno eres!

La sala de disección

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Pío Baroja    (1872-1956) El árbol de la ciencia Cap.VI El curso siguiente, de menos asignaturas, era algo más fácil, no había tantas cosas que retener en la cabeza. A pesar de esto, sólo la Anatomía bastaba para poner a prueba la memoria mejor organizada. Unos meses después del principio de curso, en el tiempo frío, se comenzaba la clase de disección. Los cincuenta o sesenta alumnos se repartían en diez o doce mesas y se agrupaban de cinco en cinco en cada una.

El personaje frente a su autor

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Miguel de Unamuno  (1864-1936) Niebla , cap.XXXI Aquella tempestad del alma de Augusto terminó, como en terrible calma, en decisión de suicidarse. Quería acabar consigo mismo, que era la fuente de sus desdichas propias. Mas antes de llevar a cabo su propósito, como el náufrago que se agarra a una débil tabla, se le ocurrió consultarlo conmigo, con el autor de todo este relato. Por entonces había leído Augusto un ensayo mío en que, aunque de pasada, hablaba del suicidio, y tal impresión pareció hacerle, así como otras cosas que de mí había leído, que no quiso dejar este mundo sin haberme conocido y platicado un rato conmigo. Emprendió, pues, un viaje, acá, a Salamanca, donde hace más de veinte años vivo, para visitarme.

Nivola

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Miguel de Unamuno  (1864-1936) Niebla , cap.XVII                    - Pero ¿te has metido a escribir una novela?          - ¿Y qué querías que hiciese?          - ¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?         - Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.           - ¿Y cómo es eso?         - Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo ...

"Proverbios y cantares-II" (Fragmentos)

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Antonio Machado (Finales del XIX- Principios del XX) Nuevas Canciones (1917-1930) I El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas;  es ojo porque te ve II Para dialogar,  preguntad, primero;  después... escuchad.  IV Mas busca en tu espejo al otro,  al otro que va contigo.  V Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa.  Adivínala.  VIII Hoy es siempre todavía. 

"Aquella tarde al decirle..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Aquella tarde, al decirle yo que me iba del pueblo, me miró triste -¡qué dulce!-, vagamente sonriendo. Me dijo: ¿Por qué te vas? Le dije: Porque el silencio de estos valles me amortaja como si estuviera muerto. -¿Por qué te vas?- He sentido que quiere gritar mi pecho, y en estos valles callados voy a gritar y no puedo. Y me dijo: ¿Adónde vas? Y le dije: Adonde el cielo esté más alto, y no brillen sobre mí tantos luceros. Hundió su mirada negra allá en los valles desiertos, y se quedó muda y triste, vagamente sonriendo.

"Adolescencia"

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Juan Ramón Jiménez (1881-1958) En el balcón, un instante  nos quedamos los dos solos.  Desde la dulce mañana  de aquel día, éramos novios.  —El paisaje soñoliento  dormía sus vagos tonos,  bajo el cielo gris y rosa  del crepúsculo de otoño.—  Le dije que iba a besarla;  bajó, serena, los ojos  y me ofreció sus mejillas,  como quien pierde un tesoro.  —Caían las hojas muertas,  en el jardín silencioso,  y en el aire erraba aún  un perfume de heliotropos.—  No se atrevía a mirarme;  le dije que éramos novios,  ...y las lágrimas rodaron  de sus ojos melancólicos.