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Mostrando las entradas etiquetadas como Juan Ramón Jiménez

"Mar"

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  Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Diario de un poeta recién casado (1916) Parece, mar, que luchas —¡Oh desorden sin fin, hierro incesante!— por encontrarte o porque yo te encuentre. ¡Qué inmenso demostrarte, en tu desnudez sola —sin compañera… o sin compañero según te diga el mar o la mar—, creando el espectáculo completo de nuestro mundo de hoy! Estás, como en un parto, dándote a luz —¡con qué fatiga!— a ti mismo, ¡mar único!, a ti mismo, a ti sólo y en tu misma y sola plenitud de plenitudes, …¡por encontrarte o porque yo te encuentre!

Publican las obras completas de Juan Ramón Jiménez revisadas por el corrector del móvil

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El Mundo Today EL CORRECTOR DEL MÓVIL INSISTE EN LLAMAR "JAJAJA RABO JIMÉNEZ" AL AUTOR- Tras varios años de trabajo, el autocorrector del móvil ha terminado de revisar la obra completa de Juan Ramón Jiménez, que se ofrece por primera vez en varios volúmenes completamente corregidos. Esta edición desmitifica la imagen de un Juan Ramón ajeno a la ortodoxia ortográfica y que, por ejemplo, acostumbraba a sustituir las ges por jotas. “El autocorrector del móvil ha añadido una nueva dimensión a la obra de Juan Ramón a quien, por cierto, insiste en llamar ‘Juan Ramoneda Jaén’, ‘Jus Ricardo Jiménez’ o ‘Jajaj Rabo Jiji’”, explicaba ayer el director de la edición durante la presentación. Según dice, el proceso de revisión ha obligado a reescribir la obra íntegra de Juan Ramón en el móvil “y pulsar la primera palabra que proponía el propio móvil para darla por válida y sustituir la original e incorrecta”. Se ha facilitado a los medios el primer capítulo de “Platónico ...

"Aquella tarde al decirle..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Aquella tarde, al decirle yo que me iba del pueblo, me miró triste -¡qué dulce!-, vagamente sonriendo. Me dijo: ¿Por qué te vas? Le dije: Porque el silencio de estos valles me amortaja como si estuviera muerto. -¿Por qué te vas?- He sentido que quiere gritar mi pecho, y en estos valles callados voy a gritar y no puedo. Y me dijo: ¿Adónde vas? Y le dije: Adonde el cielo esté más alto, y no brillen sobre mí tantos luceros. Hundió su mirada negra allá en los valles desiertos, y se quedó muda y triste, vagamente sonriendo.

"Adolescencia"

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Juan Ramón Jiménez (1881-1958) En el balcón, un instante  nos quedamos los dos solos.  Desde la dulce mañana  de aquel día, éramos novios.  —El paisaje soñoliento  dormía sus vagos tonos,  bajo el cielo gris y rosa  del crepúsculo de otoño.—  Le dije que iba a besarla;  bajó, serena, los ojos  y me ofreció sus mejillas,  como quien pierde un tesoro.  —Caían las hojas muertas,  en el jardín silencioso,  y en el aire erraba aún  un perfume de heliotropos.—  No se atrevía a mirarme;  le dije que éramos novios,  ...y las lágrimas rodaron  de sus ojos melancólicos.

"Yo no soy yo"

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Juan Ramón Jiménez  ( 1881-1958) Eternidades  (1918) Yo no soy yo. Soy este que va a mi lado sin yo verlo, que, a veces, voy a ver, y que, a veces olvido. El que calla, sereno, cuando hablo, el que perdona, dulce, cuando odio, el que pasea por donde no estoy, el que quedará en pie cuando yo muera.

"¡Intelijencia, dame..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Eternidades (1918) ¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas! … Que mi palabra sea la cosa misma, creada por mi alma nuevamente.  Que por mí vayan todos  los que no las conocen, a las cosas;  que por mí vayan todos  los que ya las olvidan, a las cosas;  que por mí vayan todos  los mismos que las aman, a las cosas…  ¡Intelijencia, dame el nombre exacto, y tuyo, y suyo, y mío, de las cosas!

"Le taparía el tiempo..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Diario de un poeta recién casado (1916) Le taparía el tiempo con rosas, porque no recordara. Una rosa distinta, de una imprevista majia, sobre cada hora solitaria de oro o sombra, hueco propicio a las memorias trájicas. Que como entre divinas y alegres enredaderas rosas, granas, blancas, que no dejaran sitio a lo pasado, se le enredara, con el cuerpo, el alma.

"Yo no volveré..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Arias tristes (1903) Yo no volveré. Y la noche tibia, serena y callada, dormirá el mundo, a los rayos de su luna solitaria. Mi cuerpo no estará allí, y por la abierta ventana entrará una brisa fresca preguntando por mi alma. No sé si habrá quien me aguarde de mi doble ausencia larga, o quien bese mi recuerdo entre caricias y lágrimas. Pero habrá estrellas y flores y suspiros y esperanzas, y amor en las avenidas, a la sombra de las ramas. Y sonará ese piano como en esta noche plácida y no tendrá quien lo escuche, pensativo, en mi ventana.

"El viaje definitivo"

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) …Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco. Todas la tardes, el cielo será azul y plácido; y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario. Se morirán aquellos que me amaron; y el pueblo se hará nuevo cada año; y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado. mi espíritu errará, nostálgico… Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido… Y se quedarán los pájaros cantando

"Te conocí, porque al mirar la huella..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Te conocí, porque al mirar la huella de tu pie en el sendero, me dolió el corazón que me pisaste. Corrí loco; busqué por todo el día; como un perro sin amo. ... ¡Te habías ido ya! Y tu pie pisaba mi corazón, en un huir sin término, cual si él fuera el camino que te llevaba para siempre...

"Para quererte al destino..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Para quererte, al destino le he puesto mi corazón. ¡Ya no podrás libertarte -¡ya no podré libertarme!- de lo fatal de este amor! No lo pienso, no lo sientes; yo y tú somos ya tú y yo, como el mar y como el cielo cielo y mar, sin querer, son.

"La cojita"

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Eternidades (1918) La niña sonríe: ¡Espera, voy a cojer la muleta! Sol y rosas. La arboleda .. movida y fresca, dardea limpias luces verdes. Gresca de pájaros, brisas nuevas. La niña sonríe: ¡Espera, voy a coger la muleta! Un cielo de ensueño y seda, hasta el corazón se entra. Los niños, de blanco, juegan, chillan, sudan, llegan: ... nenaaa! La niña sonríe: ¡Espeeera, voy a coger la muleta! Saltan sus ojos. Le cuelga girando, falsa, la pierna. Le duele el hombro. Jadea contra los chopos. Se sienta. Ríe y llora y ríe: ¡Espera, voy a coger la muleta! ¡Mas los pájaros no esperan; los niños no esperan! Yerra la primavera. Es la fiesta del que corre y del que vuela... La niña sonríe: Espera, voy a coger la muleta!

"Yo dije que me gustaba..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Arias tristes (1903) Yo dije que me gustaba -ella me estuvo escuchando- que, en primavera, el amor fuera vestido de blanco. Alzó sus ojos azules y se me quedó mirando, con una triste sonrisa en sus virjinales labios. Siempre que crucé su calle, al ponerse el sol de mayo estaba seria, en su puerta, toda vestida de blanco .

"Río de cristal dormido..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Arias tristes (1903) Río de cristal dormido   y encantado; dulce valle,    dulces riberas de álamos     blancos y de verdes sauces…     El valle tiene un ensueño    y un corazón sueña y sabe     dar con su sueño un son triste     de flautas y de cantares.   Río encantado; las ramas    soñolientas de los sauces,     en los remansos dormidos     besan los claros cristales.     Y el cielo es plácido y dulce,    un cielo bajo y flotante     que con su bruma de plata     va acariciando los árboles.     Mi corazón ha soñado    con la ribera y el valle,     y ha llegado hasta la orilla     dormida para embarcarse;   pero al pasar por la senda,    lloró de amor, con un aire     viejo, que est...

Platero es pequeño, peludo, suave...

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Platero y yo (1914) Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.  Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal... Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel... Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo: — Tiene acero... Tiene acero. Ace...