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Mostrando las entradas etiquetadas como Tristeza

Planto de Pleberio (adaptación)

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                                                                           FERNANDO DE ROJAS                 La Celestina  ,  ACTO XXI Siglo XV ` ``[TEXTO ADAPTADO] PLEBERIO.- ¡Ay, ay, noble mujer! Nuestro gozo en el pozo, nuestro bien todo se ha perdido. ¡No queramos más vivir! Y para que este dolor te dé más pena, para que acabes más pronto en el sepulcro, para que no llore solo la pérdida dolorosa de ambos, ves allí a la que tú pariste y yo engendré hecha pedazos. La causa la supe porque ella me la contó, y aún más por extenso me la contó su sirvienta. Ayúdame a llorar esta vejez herida. ¡Oh mi hija y mi bien todo! Sería muy cruel sobrevivirte. Mis sesenta años eran más dignos de la sepultura q...

Melancolia

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía. Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. Voy bajo tempestades y tormentas ciego de sueño y loco de armonía. Ése es mi mal. Soñar. La poesía es la camisa férrea de mil puntas cruentas que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas dejan caer las gotas de mi melancolía. Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo; a veces me parece que el camino es muy largo, y a veces que es muy corto…

Rima LXII: "Primero es un albor trémulo y vago..."

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Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Primero es un albor trémulo y vago, raya de inquieta luz que corta el mar; luego chispea y crece y se dilata en ardiente explosión de claridad. La brilladora luz es la alegría; la temerosa sombra es el pesar: ¡ay! en la oscura noche de mi alma, ¿cuándo amanecerá?

Rima LIV: "Cuando volvemos las fugaces horas..."

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Gustavo Adolfo Bécquer (Segunda mitad del siglo XIX) Cuando volvemos las fugaces horas del pasado a evocar, temblando brilla en sus pestañas negras una lágrima pronta a resbalar. Y al fin resbala, y cae como gota de rocío, al pensar que, cual hoy por ayer, por hoy mañana, volveremos los dos a suspirar.

"Me sobra corazón"

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Miguel Hernández (1910-1942) Hoy estoy sin saber yo no sé cómo, hoy estoy para penas solamente, hoy no tengo amistad, hoy sólo tengo ansias de arrancarme de cuajo el corazón y ponerlo debajo de un zapato. Hoy reverdece aquella espina seca, hoy es día de llantos de mi reino, hoy descarga en mi pecho el desaliento plomo desalentado. No puedo con mi estrella. Y busco la muerte por las manos mirando con cariño las navajas, y recuerdo aquel hacha compañera, y pienso en los más altos campanarios para un salto mortal serenamente. Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué, mi corazón escribiría una postrera carta, una carta que llevo allí metida, haría un tintero de mi corazón, una fuente de sílabas, de adioses y regalos, y ahí te quedas, al mundo le diría. Yo nací en mala luna. Tengo la pena de una sola pena que vale más que toda la alegría. Un amor me ha dejado con los brazos caídos y no puedo tenderlos hacia más. ¿No veis...

"Antes del odio"

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Miguel Hernández Cancionero y romancero de ausencias (1942) Beso soy, sombra con sombra. Beso, dolor con dolor, por haberme enamorado, corazón sin corazón, de las cosas, del aliento sin sombra de la creación. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor. Corazón en una copa donde me la bebo yo, y no se lo bebe nadie, nadie sabe su sabor. Odio, vida: ¡cuánto odio sólo por amor! No es posible acariciarte con las manos que me dio el fuego de más deseo, el ansia de más ardor. Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy hierros que cercan las venas y las muerden con rencor. Por amor, vida, abatido, pájaro sin remisión. Sólo por amor odiado, sólo por amor.

"Tengo estos huesos hechos a las penas"

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Miguel Hernández El rayo que no cesa  (1936) Tengo estos huesos hechos a las penas y a las cavilaciones estas sienes: pena que vas, cavilación que vienes como el mar de la playa a las arenas. Como el mar de la playa a las arenas, voy en este naufragio de vaivenes, por una noche oscura de sartenes redondas, pobres, tristes y morenas. Nadie me salvará de este naufragio si no es tu amor, la tabla que procuro, si no es tu voz, el norte que pretendo. Eludiendo por eso el mal presagio de que ni en ti siquiera habré seguro, voy entre pena y pena sonriendo.

"Como el toro he nacido para el luto..."

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Miguel Hernández El rayo que no cesa  (1936) Como el toro he nacido para el luto y el dolor, como el toro estoy marcado por un hierro infernal en el costado y por varón en la ingle con un fruto. Como el toro lo encuentra diminuto todo mi corazón desmesurado, y del rostro del beso enamorado, como el toro a tu amor se lo disputo. Como el toro me crezco en el castigo, la lengua en corazón tengo bañada y llevo al cuello un vendaval sonoro. Como el toro te sigo y te persigo, y dejas mi deseo en una espada, como el toro burlado, como el toro.

"No me conformo, no: me desespero..."

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Miguel Hernández El rayo que no cesa (1936) No me conformo, no: me desespero como si fuera un huracán de lava en el presidio de una almendra esclava o en el penal colgante de un jilguero. Besarte fue besar un avispero que me clama al tormento y me desclava y cava un hoyo fúnebre y lo cava dentro del corazón donde me muero. No me conformo, no: ya es tanto y tanto idolatrar la imagen de tu beso y perseguir el curso de tu aroma. Un enterrado vivo por el llanto, una revolución dentro de un hueso, un rayo soy sujeto a una redoma.

La paloma

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Rafael Alberti (1902-1999) Entre la espada y el clavel  (1941) Se equivocó la paloma se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur creyó que el trigo era agua, se equivocaba. Creyó que el mar era el cielo que la noche, la mañana, se equivocaba, se equivocaba. Que las estrellas, rocío que la calor, la nevada, se equivocaba, se equivocaba. Que tu falda era tu blusa que tu corazón, su casa, se equivocaba, se equivocaba. Ella se durmió en la orilla, tú en la cumbre de una rama. Creyó que el mar era el cielo que la noche, la mañana se equivocaba, se equivocaba. Que las estrellas, rocío que la calor, la nevada, se equivocaba, se equivocaba. Que tu falda era tu blusa que tu corazón, su casa, se equivocaba, se equivocaba...

"La niña rosa, sentada" (Elegia)

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Rafael Alberti (1902-1999) Marinero en tierra (1925) La niña rosa, sentada. Sobre su falda, como una flor, abierto, un atlas. ¡Cómo la miraba yo viajar, desde mi balcón! Su dedo, blanco velero, desde las islas Canarias iba a morir al mar Negro. ¡Cómo la miraba yo morir, desde mi balcón!. La niña, rosa sentada. Sobre su falda, como una flor, cerrado, un atlas. Por el mar de la tarde van las nubes llorando rojas islas de sangre.

"El lagarto está llorando"

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Federico García Lorca Canciones  (1924) El lagarto está llorando. La lagarta está llorando. El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos. Han perdido sin querer su anillo de desposados. ¡Ay, su anillito de plomo, ay, su anillito plomado! Un cielo grande y sin gente monta en su globo a los pájaros. El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso. ¡Miradlos qué viejos son! ¡Qué viejos son los lagartos! ¡Ay, cómo lloran y lloran, ¡ay! ¡ay! cómo están llorando!

"La guitarra"

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Federico García Lorca Poemas del cante jondo  (1931) Empieza el llanto de la guitarra. Se rompen las copas de la madrugada. Empieza el llanto de la guitarra. Es inútil callarla. Es imposible callarla. Llora monótona como llora el agua, como llora el viento sobre la nevada. Es imposible callarla. Llora por cosas lejanas. Arena del Sur caliente que pide camelias blancas. Llora flecha sin blanco, la tarde sin mañana, y el primer pájaro muerto sobre la rama. ¡Oh, guitarra! Corazón malherido por cinco espadas.

"Aquella tarde al decirle..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Aquella tarde, al decirle yo que me iba del pueblo, me miró triste -¡qué dulce!-, vagamente sonriendo. Me dijo: ¿Por qué te vas? Le dije: Porque el silencio de estos valles me amortaja como si estuviera muerto. -¿Por qué te vas?- He sentido que quiere gritar mi pecho, y en estos valles callados voy a gritar y no puedo. Y me dijo: ¿Adónde vas? Y le dije: Adonde el cielo esté más alto, y no brillen sobre mí tantos luceros. Hundió su mirada negra allá en los valles desiertos, y se quedó muda y triste, vagamente sonriendo.

"Adolescencia"

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Juan Ramón Jiménez (1881-1958) En el balcón, un instante  nos quedamos los dos solos.  Desde la dulce mañana  de aquel día, éramos novios.  —El paisaje soñoliento  dormía sus vagos tonos,  bajo el cielo gris y rosa  del crepúsculo de otoño.—  Le dije que iba a besarla;  bajó, serena, los ojos  y me ofreció sus mejillas,  como quien pierde un tesoro.  —Caían las hojas muertas,  en el jardín silencioso,  y en el aire erraba aún  un perfume de heliotropos.—  No se atrevía a mirarme;  le dije que éramos novios,  ...y las lágrimas rodaron  de sus ojos melancólicos.

"Yo no volveré..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Arias tristes (1903) Yo no volveré. Y la noche tibia, serena y callada, dormirá el mundo, a los rayos de su luna solitaria. Mi cuerpo no estará allí, y por la abierta ventana entrará una brisa fresca preguntando por mi alma. No sé si habrá quien me aguarde de mi doble ausencia larga, o quien bese mi recuerdo entre caricias y lágrimas. Pero habrá estrellas y flores y suspiros y esperanzas, y amor en las avenidas, a la sombra de las ramas. Y sonará ese piano como en esta noche plácida y no tendrá quien lo escuche, pensativo, en mi ventana.

"El viaje definitivo"

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) …Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco. Todas la tardes, el cielo será azul y plácido; y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario. Se morirán aquellos que me amaron; y el pueblo se hará nuevo cada año; y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado. mi espíritu errará, nostálgico… Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido… Y se quedarán los pájaros cantando

"Río de cristal dormido..."

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Juan Ramón Jiménez  (1881-1958) Arias tristes (1903) Río de cristal dormido   y encantado; dulce valle,    dulces riberas de álamos     blancos y de verdes sauces…     El valle tiene un ensueño    y un corazón sueña y sabe     dar con su sueño un son triste     de flautas y de cantares.   Río encantado; las ramas    soñolientas de los sauces,     en los remansos dormidos     besan los claros cristales.     Y el cielo es plácido y dulce,    un cielo bajo y flotante     que con su bruma de plata     va acariciando los árboles.     Mi corazón ha soñado    con la ribera y el valle,     y ha llegado hasta la orilla     dormida para embarcarse;   pero al pasar por la senda,    lloró de amor, con un aire     viejo, que est...