"¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable..."

(Segunda mitad del siglo XIX)



XXXIX

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa;
antes que el sentimiento de su alma,
brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda;
que es una estatua inanimada..., pero...

¡es tan hermosa!

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