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"Caracol"

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  Rubén Darío (1867-1916) Cantos de vida y esperanza (1905) En la playa he encontrado un caracol de oro macizo y recamado de las perlas más finas; Europa le ha tocado con sus manos divinas cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro. He llevado a mis labios el caracol sonoro y he suscitado el eco de las dianas marinas, le acerqué a mis oídos y las azules minas me han contado en voz baja su secreto tesoro. Así la sal me llega de los vientos amargos que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos cuando amaron los astros el sueño de Jasón; y oigo un rumor de olas y un incógnito acento y un profundo oleaje y un misterioso viento... (El caracol la forma tiene de un corazón.)

Melancolia

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía. Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas. Voy bajo tempestades y tormentas ciego de sueño y loco de armonía. Ése es mi mal. Soñar. La poesía es la camisa férrea de mil puntas cruentas que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas dejan caer las gotas de mi melancolía. Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo; a veces me parece que el camino es muy largo, y a veces que es muy corto…

"El verso sutil que pasa o se posa"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) El verso sutil que pasa o se posa Sobre la mujer o sobre la rosa, Beso puede ser, o ser mariposa. En la fresca flor el verso sutil; El triunfo de amor en el mes de abril: Amor, verso y flor, la niña gentil. Amor y dolor. Halagos y enojos. Herodías ríe en los labios rojos. Dos verdugos hay que están en los ojos. ¡Oh, saber amar es saber sufrir! Amar y sufrir, sufrir y sentir, Y el hacha besar que nos ha de herir… ¡Rosa de dolor, gracia femenina; Inocencia y luz, corola divina! Y aroma fatal y cruel espina… Líbranos, Señor, de abril y la flor Y del cielo azul y del ruiseñor, De dolor y amor, líbranos, Señor.

"La bailarina de los pies desnudos"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Iba, en un paso rítmico y felino a avances dulces, ágiles o rudos, con algo de animal y de divino la bailarina de los pies desnudos. Su falda era la falda de las rosas, en sus pechos había dos escudos... Constelada de casos y de cosas... La bailarina de los pies desnudos. Bajaban mil deleites de los senos hacia la perla hundida del ombligo, e iniciaban propósitos obscenos azúcares de fresa y miel de higo. A un lado de la silla gestatoria estaban mis bufones y mis mudos... ¡Y era toda Selene y Anactoria la bailarina de los pies desnudos! (Dedicado a Isadora Duncan, famosa bailarina de la época, en la foto)

¿Cómo decía usted, amigo mío?

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) ¿Cómo decía usted, amigo mío? ¿Qué el amor es un río? No es extraño. Es ciertamente un río que, uniéndose al confluente del desvío, va a perderse en el mar del desengaño.

"¡Oh, mi adorada niña!"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) ¡Oh mi adorada niña!  Te diré la verdad:  tus ojos me parecen  brasas tras un cristal;  tus rizos, negro luto,  y tu boca sin par,  la ensangrentada huella del filo de un puñal.

"Pasa y olvida"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Peregrino que vas buscando en vano un camino mejor que tu camino, ¿cómo quieres que yo te dé la mano, si mi signo es tu signo, Peregrino? No llegarás jamás a tu destino; llevas la muerte en ti como el gusano que te roe lo que tienes de humano… ¡lo que tienes de humano y de divino! Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante! Todavía te queda muy distante ese país incógnito que sueñas… Y soñar es un mal. Pasa y olvida, pues si te empeñas en soñar, te empeñas en aventar la llama de tu vida.

"Cuando llgues a amar"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Cuando llegues a amar, si no has amado, sabrás que en este mundo es el dolor más grande y más profundo ser a un tiempo feliz y desgraciado. Corolario: el amor es un abismo de luz y sombra, poesía y prosa, y en donde se hace la más cara cosa que es reír y llorar a un tiempo mismo. Lo peor, lo más terrible, es que vivir sin él es imposible.

"Amo, amas"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) "Puntos de luz"- Marie (2007 Amar, amar, amar, amar siempre, con todo el ser y con la tierra y con el cielo, con lo claro del sol y lo oscuro del lodo: Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo. Y cuando la montaña de la vida nos sea dura y larga y alta y llena de abismos, Amar la inmensidad que es de amor encendida ¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

"Tarde de trópico"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Es la tarde gris y triste.  Viste el mar de terciopelo  y el cielo profundo viste  de duelo.  Del abismo se levanta  la queja amarga y sonora  La onda, cuando el viento canta,  llora,  Los violines de la bruma  saludan al sol que muere.  Salmodia la blanca espuma:  ¡Miserere!  La armonía el cielo inunda,  y la brisa va a llevar  la canción triste y profunda  del mar.  Del clarín del horizonte  brota sinfonía rara,  como si la voz del monte  vibrara.  Cual si fuese lo invisible...  cual si fuese el rudo són  que diese al viento un terrible  león.

"Que el amor no admite cuerdas reflexiones"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Prosas profanas y otros poemas. Señora, Amor es violento,  y cuando nos transfigura  nos enciende el pensamiento  la locura. No pidas paz a mis brazos  que a los tuyos tienen presos:  son de guerra mis abrazos  y son de incendio mis besos;  y sería vano intento  el tornar mi mente obscura  si me enciende el pensamiento  la locura. Clara está la mente mía  de llamas de amor, señora,  como la tienda del día  o el palacio de la aurora.  Y el perfume de tu ungüento  te persigue mi ventura,  y me enciende el pensamiento  la locura. Mi gozo tu paladar  rico panal conceptúa,  como en el santo Cantar:  Mel et lac sub lingua tua.  La delicia de tu aliento  en tan fino vaso apura,  y me enciende el pensamiento  la locura.

"A Margarita Debayle"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Margarita, está linda la mar, y el viento Ileva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar tu acento. Margarita, te voy a contar un cuento. Éste era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha del día y un rebaño de elefantes, un kiosco de malaquita, un gran manto de tisú y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita como tú. Una tarde la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger. La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla, una pluma y una flor. Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así.

"Cantos de vida y esperanza"

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  Rubén Darío (1867-1916) Cantos de vida y esperanza (1904)   A J. Enrique Rodó Yo soy aquel que ayer no más decía el verso azul y la canción profana, en cuya noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana. El dueño fui de mi jardín de sueño, lleno de rosas y de cisnes vagos; el dueño de las tórtolas, el dueño de góndolas y liras en los lagos; y muy siglo diez y ocho y muy antiguo y muy moderno; audaz, cosmopolita; con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo, y una sed de ilusiones infinita.

Letanía de nuestro señor Don Quijote

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Rubén Darío (1867-1916)   Rey de los hidalgos, señor de los tristes, que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón. Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad... ¡Caballero errante de los caballeros, varón de varones, príncipe de fieros, par entre los pares, maestro, salud! ¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes, entre los aplausos o entre los desdenes, y entre las coronas y los parabienes y las tonterías de la multitud!

"Canción de otoño en primavera"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Cantos de vida y esperanza Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer. Plural ha sido la celeste historia de mi corazón. Era una dulce niña, en este mundo de duelo y aflicción. Miraba como el alba pura; sonreía como una flor. Era su cabellera obscura hecha de noche y de dolor. Yo era tímido como un niño. Ella, naturalmente, fue, para mi amor hecho de armiño, Herodías y Salomé... Juventud, divino tesoro ¡ya te vas para no volver...! Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer...

"Lo fatal"

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Cantos de vida y esperanza Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura, porque ésta ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, ¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos...!

"Era un aire suave, de pausados giros..."

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Rubén Darío (Finales del XIX-Principios del XX) Prosas profanas y otros poemas. Era un aire suave, de pausados giros; el hada Harmonía rimaba sus vuelos, e iban frases vagas y tenues suspiros entre los sollozos de los violoncelos. Sobre la terraza, junto a los ramajes, diríase un trémolo de liras eolias cuando acariciaban los sedosos trajes, sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias. La marquesa Eulalia risas y desvíos daba a un tiempo mismo para dos rivales: el vizconde rubio de los desafíos y el abate joven de los madrigales. Cerca, coronado con hojas de viña, reía en su máscara Término barbudo, y, como un efebo que fuese una niña, mostraba una Diana su mármol desnudo. Y bajo un boscaje del amor palestra, sobre el rico zócalo al modo de Jonia, con un candelabro prendido en la diestra volaba el mercurio de Juan de Bolonia. La orquesta perlaba sus mágicas notas; un coro de sones alados se oía; galantes pavanas, fug...

"Sonatina"

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Rubén Darío (Finales del XIX- principios del XX) Prosas profanas La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro; y en un vaso olvidada se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y, vestido de rojo, piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión.