“Ya me hubiera gustado tener más oportunidades y terminar de estudiar”

Maryem Castillo

Varios jóvenes que ni trabajan ni estudian nos cuentan por qué los nuevos ni-ni no lo son sólo por abandono escolar, sino también por falta de oportunidades laborales.

 Nara Raiis tiene 24 años y lleva dos años y medio sin trabajo. Afirma que nunca ha dejado de buscar empleo y hace más de 12 meses que se le acabó la prestación del paro. Le molesta pertenecer a la generación NI-NI porque abandonó temprano los estudios debido a "la situación económica familiar". Comenzó a trabajar cuando estaba en el bachillerato y solo tiene la titulación de la ESO. Por ello se ha inscrito a "cientos de cursos de formación del INEM", pero no la han llamado de ninguno. Quiere poder hacer la Formación Profesional superior o de grado medio porque sabe la importancia de la educación. Sabe que aunque tiene experiencia le frena la falta de titulación. "No soy ni-ni porque sea vaga, sino por las circunstancias. Ya me hubiera gustado tener más oportunidades y terminar de estudiar".

El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) refleja que el 23,7% de los españoles entre 15 y 29 años ni estudian ni trabajan. Son los jóvenes englobados bajo la etiqueta de generación ni-ni, un apelativo utilizado en sus inicios para catalogar a quienes dejaban de estudiar y tampoco realizaban ningún tipo de empleo. Sin embargo, el estudio también refleja que España es el país con mayor tasa de desempleados entre los diplomados de educación universitaria, y el segundo entre los que han superado estudios de secundaria superior y postsecundaria no universitaria, por lo que los nuevos ni-ni no lo son solo por abandono escolar, también por falta de oportunidades laborales.

Uno de estos casos es Laura D., que tiene 25 años y uno desde que terminó la doble titulación de publicidad y relaciones públicas. Las prácticas de fin de grado las hizo en una agencia de comunicación que solo le pagaba el coste del abono. Tras graduarse los únicos trabajos que consiguió fueron de dependienta en tiendas para las temporadas de rebajas y como comunity manager de una agencia de azafatas y relaciones públicas que pretendía pagarle con “ropa de los eventos y viajes a la peluquería”. Quiere hacer un máster en Publicidad creativa y su sueño es trabajar en una gran agencia de comunicación. Pero actualmente no tiene “ni paro, ni subsidio de desempleo ni nada” porque no ha cotizado lo suficiente. Laura ha tenido que regresar desde Madrid a su Cáceres natal para vivir con sus padres porque no puede “darse el lujo de independizarse”. Ha acudido a “miles de entrevistas”, pero hasta ahora no le ha salido nada.


También es la situación de Almudena Martínez-Cardeñoso, una joven asturiana de 25 años y reside en Gijón. No le gusta la palabra ni-ni porque no le describe. “Somos la generación de los más formados y los menos empleados” dice la joven. Es licenciada en Bellas Artes y le ha costado encontrar trabajo en algo relacionado con su área. Almudena regresó desde Madrid a casa de sus padres hace dos años cuando terminó el máster de formación del profesorado en ESO en Madrid para enseñar artes plásticas en secundaria. De los 26 meses que lleva en paro solo ha conseguido trabajar siete. “Me había planteado opositar mientras persigo trabajo como profesora, ilustradora y de lo que sea en esta interminable crisis, pero es que ahora no hay trabajo de nada y los pocos que aparecen te piden menos formación” comenta la joven asturiana. Ha impartido clases de diseño web, pero son cursos “de tres meses, una vez al año y así” por lo que no tiene derecho a subsidios por desempleo. “Lo agoté tras perder el trabajo en Madrid”, explica la joven que ha trabajado de administrativa y teleoperadora. “No puedo estudiar más, aquí todo es carísimo, no puedo pagarme otro máster en el paro y que hago, ¿tirar de nuevo de mis padres?, si luego no tienes salida laboral” dice airada Almudena. Por eso se plantea irse a Londres “a mejorar el inglés y currar de lo que aparezca”. “Quizás tenga más suerte, en España no tengo salidas”.

Por su parte, Miguel Collado, de 24 años, de Córdoba, dejó la universidad hace cuatro años. Había comenzado a estudiar filología inglesa, pero se dio cuenta de que “no era lo suyo” e intentó cambiarse a Derecho. No pudo acceder a la carrera por falta de plazas y decidió que necesitaba “desconectar de la universidad porque era una época de crisis personal”. Desde entonces fue encadenado empleos temporales con contratos que califica de “basura” aunque reconoce que tuvo buenas rachas. “Encontré algunos de comercial, pero eran con contrato mercantil que te pagan por las ventas. No conseguí los suficientes ingresos para que me dieran de alta en la seguridad social de forma continua así que no tengo paro” comenta el joven. Su trabajo más duradero fue de seis meses en una empresa de seguros, que dejó para prepararse una oposición de auxiliar administrativo. “Había tantísima gente que no me pude presentar al examen” comenta el joven. Al volver al mundo laboral le pilló la crisis y decidió formarse. Hizo un curso de inglés (nivel C2), uno de formación ocupacional y otro de ventas de servicios turísticos con el que hizo unas prácticas no remuneradas en un hotel que, según nos cuenta por teléfono, “buscaba ahorrarse un sueldo en verano”. Ahora Miguel vive con sus padres y su hermano, todos en paro. Les salva un “campillo de olivos” con el que la familia subsiste. El joven cordobés se plantea intentar terminar los estudios de filología o marcharse fuera.

Como Miguel hay muchos casos de jóvenes que dejaron los estudios para trabajar y poder independizarse. Pero también hay casos como los de Magda García que tiene 28 años, dos titulaciones y dos máster. No ha encontrado trabajo de “lo suyo” desde que acabó la carrera y ha ido encadenando trabajos temporales. Se está planteando irse a Londres a mejorar su inglés ya que se siente sobrecalificada para cualquier oportunidad laboral. Mientras van pasando los años a muchos les ha pillado el tiempo y la crisis. Este es el caso de Lucrecia Álvarez, asturiana de 29 años, que reside en Badajoz. “Cuando termine la universidad quería ganar dinero y fui empalmando trabajos basura”. Estudió bellas artes con especialidad en Audiovisuales y que hizo un curso técnico de Diseño Gráfico, considerados en ese tiempo “la panacea profesional, como son ahora los de community management”. “Cuando te quieres dar cuenta tienes una edad y ya no eres interesante para el mercado laboral porque se presupone que buscas un trabajo para tener una estabilidad y formar una familia” comenta la joven. Actualmente no trabaja ni estudia, pero piensa comenzar una oposición pero le genera ansiedad el no saber si podrá lograrlo. “Tengo la ‘suerte’ de tener unos padres (pensionistas) que económicamente me apoyan, pero necesito trabajar y no veo la forma y temo que mis decisiones futuras sean también erróneas lo que también me genera mucha inseguridad” cuenta la joven que no se considera una ni-ni porque: “he estudiado desde que tengo uso de razón, y el haberme licenciado no ha significado haber terminado ni de lejos. Mi madre luchó para que hijos tuvieran una carrera y no tuvieran que servir como ella y a día de hoy me podré dar con un canto en los dientes si consigo un trabajo de asistenta”.

Laura D. tampoco se considera una joven ni-ni: “He estudiado, he ido a montones de entrevistas y me lo he currado. Si soy ni-ni no es por gusto” explica la joven. Andry Aquino de 28 años y residente en Zaragoza, si lamenta ser ni-ni porque las circunstancias la han llevado a ello. Dejó la universidad en su país natal cuando le faltaba un año para casarse y formar una familia con su esposo en España. Aquí ha intentado convalidar las asignaturas que le faltaban para terminar la carrera pero todavía “sigue en trámites”. Después de cuatro años en el país ha pensado en cambiar de carrera y hacer una doble titulación en derecho y administración pero con la subida de los créditos en las universidades no sabe si podrá pagársela. Además ahora es madre de dos niños pequeños, de uno y cuatro años. “No me puedo costear una universidad sin trabajo. Mi marido ya va servido con los gastos míos y los de los niños” dice la joven dominicana. “He ido haciendo varios cursos para conseguir titulación y encontrar salidas laborales. El mas largo y de cara a un empleo fue en el 2010 de administrativo de entidades financieras a través de la Confederación de Empresarios de Aragón (CREA) y tengo certificado de profesionalidad. Tenía derecho a prácticas pero ellos no tenían recursos para que las hiciéramos”.

El único curso que ha hecho Nara en estos dos años se lo ha tenido que pagar de su bolsillo y aunque tuvo 15 días de prácticas no consiguió que la contrataran. “Es lamentable las pocas facilidades que existen para quien quiere superarse” critica la joven madrileña. El sueño de Nara es montar una guardería y por eso busca un trabajo que le permita ahorrar y pagarse la titulación de cuidado infantil. “Me gustan mucho los niños y quizás pueda tener una salida laboral por ahí” manifiesta la joven. “Espero poder lograr la titulación” añade esperanzada.

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