La niña que ama a Aquiles

Arturo Pérez Reverte



La historia de hoy es una historia de resistencia y de gloria. Una historia de gente que no se rinde. De padres y niños dispuestos a vender cara su piel. Y no se trata de buscar en el pasado: ocurrió hace sólo unos días en un colegio argentino; pero si imaginan ustedes otro lugar, personajes y asunto, podría ocurrir en cualquier sitio. Especialmente –y por eso me detengo en ello– también en España. En estos tiempos grises en que cualquier independencia intelectual es aplastada desde la escuela, cuando lo que se busca es igualar a todos los críos en la mediocridad penalizando la brillantez y la inteligencia, la de la niña que ama a Aquiles me parece una historia ejemplar. Me enteré de ella hace poco, por casualidad, y busqué ponerme en contacto con el padre. Lo conseguí ayer mismo. Y como me lo contó, lo cuento.
José Ovejero


Una forma infalible de detectar a quien se acerca a los 40 --más que canas, arrugas o la traición a sus ideales de antaño-- es la aparición del hábito de proferir necedades sobre los jóvenes, hábito que probablemente le quedará, como el de hurgarse la nariz, hasta el día de su muerte.

Es uno de esos comportamientos tan enraizados en los humanos que, como la menstruación o la producción de esperma, parece responder al funcionamiento del reloj biológico. Es un fenómeno que no respeta culturas ni épocas: ya en un papiro egipcio un escriba se quejaba del comportamiento y la falta de respeto de los jóvenes y desde entonces filósofos, personajes ilustres y analfabetos han creído su deber expresar desprecio por la siguiente generación.

Publican las obras completas de Juan Ramón Jiménez revisadas por el corrector del móvil




EL CORRECTOR DEL MÓVIL INSISTE EN LLAMAR "JAJAJA RABO JIMÉNEZ" AL AUTOR-


Tras varios años de trabajo, el autocorrector del móvil ha terminado de revisar la obra completa de Juan Ramón Jiménez, que se ofrece por primera vez en varios volúmenes completamente corregidos. Esta edición desmitifica la imagen de un Juan Ramón ajeno a la ortodoxia ortográfica y que, por ejemplo, acostumbraba a sustituir las ges por jotas.

“El autocorrector del móvil ha añadido una nueva dimensión a la obra de Juan Ramón a quien, por cierto, insiste en llamar ‘Juan Ramoneda Jaén’, ‘Jus Ricardo Jiménez’ o ‘Jajaj Rabo Jiji’”, explicaba ayer el director de la edición durante la presentación. Según dice, el proceso de revisión ha obligado a reescribir la obra íntegra de Juan Ramón en el móvil “y pulsar la primera palabra que proponía el propio móvil para darla por válida y sustituir la original e incorrecta”.

Se ha facilitado a los medios el primer capítulo de “Platónico y yo”, la obra más difundida del escritor, y se reproduce a continuación.

Platónico y yo
   Platónico es pesquero, pelota, suave, tan Barcelona por fuera que se diría todo de algoritmo, que no lleva Huelva. Sólo los esperanza de azadón de sus ojiplática son Duero cual dos escaramuza de crisálida negro.
   Lluevo deje sucio y se va al Prado Museo Paseo del Prado, s/n, 28014 Madrid, y acicala tibia con su hombre, rozándolas a piñón, las florecillas rosado, Celestina y El Guardaespaldas … Lo llamo dulcemente: “¿Platónico?”, y viene a mí con un trompeta alegría que parece que se ríe en no sé qué castaña idiota…
    Come cuando le Domingo (añadir al calendario). Le gustan las Mónica Naranjo, las mandarinas, las UCI moscatel, todas de ambrosía; los hijoputa moratoria, con su cristalina gotita de mierda…
   Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro como de pisapapeles. Cuando Pradillo sobre él, los domingos (añadir al calendario), por las últimas callejas del puerto puerto pueblo, los hombres del Cantabria, vestidos de limpieza y despacho, se quedan mirándolo:    —Tiene azadón…   Tiene acero. Acero y plata de lunático, al mismo tiempo en Barcelona 18ºC.

"Era un niño que soñaba"

Campos de Castilla (1912)
"Parábolas" (fragmento)

Era un niño que soñaba
un caballo de cartón. 
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio. 
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar; 
y por la crin lo cogía... 
¡Ahora no te escaparás! 
Apenas lo hubo cogido, 
el niño se despertó. 
Tenía el puño cerrado. 
¡El caballito voló! 
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado. 
Y ya no volvió a soñar. 
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor, 
y a su amada le decía: 
¿Tú eres de verdad o no? 
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar, 
el caballito soñado
y el caballo de verdad. 
Y cuando vino la muerte, 
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño? 
¡Quién sabe si despertó! 

Melancolia

(Finales del XIX-Principios del XX)




Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de sueño y loco de armonía.

Ése es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto…


"El verso sutil que pasa o se posa"

(Finales del XIX-Principios del XX)



El verso sutil que pasa o se posa
Sobre la mujer o sobre la rosa,
Beso puede ser, o ser mariposa.

En la fresca flor el verso sutil;
El triunfo de amor en el mes de abril:
Amor, verso y flor, la niña gentil.

Amor y dolor. Halagos y enojos.
Herodías ríe en los labios rojos.
Dos verdugos hay que están en los ojos.

¡Oh, saber amar es saber sufrir!
Amar y sufrir, sufrir y sentir,
Y el hacha besar que nos ha de herir…

¡Rosa de dolor, gracia femenina;
Inocencia y luz, corola divina!
Y aroma fatal y cruel espina…

Líbranos, Señor, de abril y la flor
Y del cielo azul y del ruiseñor,
De dolor y amor, líbranos, Señor.

"La bailarina de los pies desnudos"

(Finales del XIX-Principios del XX)




Iba, en un paso rítmico y felino
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino
la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos...
Constelada de casos y de cosas...
La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e iniciaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria
estaban mis bufones y mis mudos...
¡Y era toda Selene y Anactoria
la bailarina de los pies desnudos!

(Dedicado a Isadora Duncan, famosa bailarina de la época, en la foto)

¿Cómo decía usted, amigo mío?


(Finales del XIX-Principios del XX)



¿Cómo decía usted, amigo mío?
¿Qué el amor es un río? No es extraño.
Es ciertamente un río
que, uniéndose al confluente del desvío,
va a perderse en el mar del desengaño.

"¡Oh, mi adorada niña!"

(Finales del XIX-Principios del XX)



¡Oh mi adorada niña! 
Te diré la verdad: 
tus ojos me parecen 
brasas tras un cristal; 
tus rizos, negro luto, 
y tu boca sin par, 
la ensangrentada huella
del filo de un puñal.

"Diez claves para detectar a una choni"

África Silvelo Gabriel
para Inviptus


Las chonis, también conocidas como canis o poligoneras siguen una serie de normas que si eres capaz de detectar, significará que estás ante un espécimen de primera.

Chonis y canis

 Iker Peña Hernández


Los 2000 son sinónimo de música electro, pantalones de campana, pitillos y plataformas, pero también de chonis y canis. ¿Qué es ser una choni? ¿Y un cani? ¿Qué les diferencia del resto? Ambos llaman la atención a kilómetros de distancia y su vocabulario se reduce a las mil palabras, la mayoría malsonantes e inventadas.

"España es así: los canis"

Joaquín Tamargo



(...) ¿Qué es un cani realmente? Bueno, un cani es una persona que está las veinticuatro horas del día (y alguno dijo en su día que por la noche también) escuchando reggaeton. Va vestido completamente barroco, llevando todo recargadísimo, tanto el cani en sí como su coche. (...)

El cani es el que lleva la gorra de béisbol con su peinado típico a lo mohicano, el chándal, el abrigo, el altavoz (aunque también valga el móvil, con el altavoz puesto), los oros, los zapatos con muelles, las plataformas… Y por último, dos puntos extraídos de la Frikipedia:

"Dos pijas consiguen comunicarse solo con diminutivos"

Kike García




PODRÍAN HABER INVENTADO UN IDIOMA PROPIO

Desde que la comunidad académica supo de la existencia de estas dos mujeres y de su particular modo de comunicarse, un joven estudiante de Lingüística las acompaña a todas partes con la intención de estudiar su lenguaje y determinar si se trata de un modismo, un dialecto del castellano o incluso de un nuevo idioma. “A nivel de lingüística su habla es muy interesante. Además de los diminutivos, usan palabras en inglés a modo de reiteración como ‘Hola, hello’ o ‘Estoy crazy de la olla’, lo cual les da muchísima riqueza expresiva”, confiesa el experto. “No es exactamente spanglish. Yo me atrevería a llamarlo ‘pijo’ a secas”, insiste el lingüista.

Mabeli y Lupita confiesan que no sabrían hablar de otro modo, puesto que el castellano que emplea la gente les parece “Out de la muerte”. “Al principio empezamos con palabritas como ‘chinitos’ y ‘negritos’ y luego ya fuimos extendiéndolo a otras cosas normalitas como ‘perrito’ o ‘bultito en el pechito’. Ves el mundo como más cuco y hasta te enfadas menos. Crazy, ¿no?”, explica Lupita. “Para mí es como si decoraras el idioma y le pusieras unas funditas de alcántara y unas cortinitas con bordaditos y en general lo hicieras más charming”, añade Mabeli.

"Entre pijos anda el juego"

María Sáenz



Les juro por Snoopy, queridos lectores, que este stress me tiene supermega «chof», «osea», ¿¿sabes, no??, tanto que he necesitado incluir palabras pijas para ampliar mi supermega vocabulario, «osea».
No se asusten, sí es cierto que tanto trabajo algún día va a acabar conmigo, pero todavía conservo algo de lucidez, no estoy «majareta». Esta semana, el Rincón del Buen Decir va a dedicar un apartado a hablar de ese vocabulario que nos rodea, que se mete en nuestras casa y se adueña de nuestros jóvenes, el vocabulario pijo. No, no se sienta ofendido nadie, pero reconózcanme que hay personas que utilizan mil y una vez la muletilla «osea», que repiten incansablemente el «súper» y que se les pone un tono de voz algo gangoso cuando pronuncian determinadas palabras. Esto es el vocabulario pijo.

Olvídate de "Snoopy" y del "o sea": cómo hablar como un pijo del año 2014

Héctor G. Barnés




No falla. El español tiene un limitado número de registros a la hora de parodiar a alguien, entre los que se encuentran, indefectiblemente, el Rey (el de antes), Chiquito de la Calzada y el Pozí. Más difícil es imitar la jerga de un nivel social concreto, puesto que ahí las posibilidades se reducen a una: los pijos. (...)
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