"Diez claves para detectar a una choni"

África Silvelo Gabriel
para Inviptus


Las chonis, también conocidas como canis o poligoneras siguen una serie de normas que si eres capaz de detectar, significará que estás ante un espécimen de primera.

Chonis y canis

 Iker Peña Hernández


Los 2000 son sinónimo de música electro, pantalones de campana, pitillos y plataformas, pero también de chonis y canis. ¿Qué es ser una choni? ¿Y un cani? ¿Qué les diferencia del resto? Ambos llaman la atención a kilómetros de distancia y su vocabulario se reduce a las mil palabras, la mayoría malsonantes e inventadas.

"España es así: los canis"

Joaquín Tamargo



(...) ¿Qué es un cani realmente? Bueno, un cani es una persona que está las veinticuatro horas del día (y alguno dijo en su día que por la noche también) escuchando reggaeton. Va vestido completamente barroco, llevando todo recargadísimo, tanto el cani en sí como su coche. (...)

El cani es el que lleva la gorra de béisbol con su peinado típico a lo mohicano, el chándal, el abrigo, el altavoz (aunque también valga el móvil, con el altavoz puesto), los oros, los zapatos con muelles, las plataformas… Y por último, dos puntos extraídos de la Frikipedia:

"Dos pijas consiguen comunicarse solo con diminutivos"

Kike García




PODRÍAN HABER INVENTADO UN IDIOMA PROPIO

Desde que la comunidad académica supo de la existencia de estas dos mujeres y de su particular modo de comunicarse, un joven estudiante de Lingüística las acompaña a todas partes con la intención de estudiar su lenguaje y determinar si se trata de un modismo, un dialecto del castellano o incluso de un nuevo idioma. “A nivel de lingüística su habla es muy interesante. Además de los diminutivos, usan palabras en inglés a modo de reiteración como ‘Hola, hello’ o ‘Estoy crazy de la olla’, lo cual les da muchísima riqueza expresiva”, confiesa el experto. “No es exactamente spanglish. Yo me atrevería a llamarlo ‘pijo’ a secas”, insiste el lingüista.

Mabeli y Lupita confiesan que no sabrían hablar de otro modo, puesto que el castellano que emplea la gente les parece “Out de la muerte”. “Al principio empezamos con palabritas como ‘chinitos’ y ‘negritos’ y luego ya fuimos extendiéndolo a otras cosas normalitas como ‘perrito’ o ‘bultito en el pechito’. Ves el mundo como más cuco y hasta te enfadas menos. Crazy, ¿no?”, explica Lupita. “Para mí es como si decoraras el idioma y le pusieras unas funditas de alcántara y unas cortinitas con bordaditos y en general lo hicieras más charming”, añade Mabeli.

"Entre pijos anda el juego"

María Sáenz



Les juro por Snoopy, queridos lectores, que este stress me tiene supermega «chof», «osea», ¿¿sabes, no??, tanto que he necesitado incluir palabras pijas para ampliar mi supermega vocabulario, «osea».
No se asusten, sí es cierto que tanto trabajo algún día va a acabar conmigo, pero todavía conservo algo de lucidez, no estoy «majareta». Esta semana, el Rincón del Buen Decir va a dedicar un apartado a hablar de ese vocabulario que nos rodea, que se mete en nuestras casa y se adueña de nuestros jóvenes, el vocabulario pijo. No, no se sienta ofendido nadie, pero reconózcanme que hay personas que utilizan mil y una vez la muletilla «osea», que repiten incansablemente el «súper» y que se les pone un tono de voz algo gangoso cuando pronuncian determinadas palabras. Esto es el vocabulario pijo.

Olvídate de "Snoopy" y del "o sea": cómo hablar como un pijo del año 2014

Héctor G. Barnés




No falla. El español tiene un limitado número de registros a la hora de parodiar a alguien, entre los que se encuentran, indefectiblemente, el Rey (el de antes), Chiquito de la Calzada y el Pozí. Más difícil es imitar la jerga de un nivel social concreto, puesto que ahí las posibilidades se reducen a una: los pijos. (...)

"Una víctima de maltrato entrega 125.000 firmas para que su perra se considere como un lazarillo y pueda protegerle en todas partes"

Miguel M. Ariztegui
eldiario.es

“No quiero ser una muerta más, sé que va a venir a por mí”, clama Silvia González, cuyo agresor saldrá de la cárcel el 4 de enero
Silvia González, con Sugui, en las puertas del Parlamento de Navarra.
La entereza y la valentía de Silvia González, víctima de violencia machista junto a sus hijos de 14 y 18 años, resultan todavía más llamativas después de conocer solo un poquito, como inevitablemente conocen los medios, el horror sin tregua que ha sido su vida desde que conoció a Moisés, su expareja.
Violaciones, palizas insultos y vejaciones eran “el día a día” de la víctima, que relata los hechos con una crudeza de detalles que no reproducimos. “Una mierda de vida”, resume, que ha afectado a todo su entorno. Para muestra, su agresor ha roto hasta 14 pulseras de control para saltarse las órdenes de alejamiento. “Está obsesionado”, clama.

Rima LXXXV: A Elisa

(Segunda mitad del siglo XIX)



Para que los leas con tus ojos grises,
para que los cantes con tu clara voz,
para que se llenen de emoción tu pecho
hice mis versos yo.

Para que encuentren en tu pecho asilo
y le des juventud, vida, calor,
tres cosas que yo no puedo darles,
hice mis versos yo.

Para hacerte gozar con mi alegría,
para que sufras tú con mi dolor,
para que sientas palpitar mi vida,
hice mis versos yo.

Para poder poner antes tus plantas
la ofrenda de mi vida y de mi amor,
con alma, sueños rotos, risas, lágrimas
hice mis versos yo.

Rima LXII: "Primero es un albor trémulo y vago..."

(Segunda mitad del siglo XIX)


Primero es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
luego chispea y crece y se dilata
en ardiente explosión de claridad.

La brilladora luz es la alegría;
la temerosa sombra es el pesar:
¡ay! en la oscura noche de mi alma,
¿cuándo amanecerá?

Rima LXI: "Al ver mis horas de fiebre..."

(Segunda mitad del siglo XIX)


Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena, en mi funeral),
una oración al oírla,
¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
¿quién vendrá a llorar?

¿Quién, en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
¿quién se acordará?

Rima LIX: "Yo sé cuál el objeto..."

(Segunda mitad del siglo XIX)


Yo sé cuál el objeto
de tus suspiros es;
yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez.

¿Te ríes…? Algún día
sabrás, niña, por qué:
tú acaso lo sospechas,
y yo lo sé.

Yo sé lo que tú sueñas,
y lo que en sueños ves;
como en un libro puedo lo que callas
en tu frente leer.

¿Te ríes…? Algún día
sabrás, niña, por qué:
tú acaso lo sospechas,
y yo lo sé.

Yo sé por qué sonríes
y lloras a la vez;
yo penetro en los senos misteriosos
de tu alma de mujer.

¿Te ríes…? Algún día
sabrás, niña, por qué:
mientras tú sientes mucho y nada sabes
yo, que no siento ya, todo lo sé.

Rima LVIII: "¿Quieres que de ese néctar...?"

(Segunda mitad del siglo XIX)



¿Quieres que de ese néctar delicioso
no te amargue la hez?
Pues aspírale, acércale a tus labios,
y déjale después.

¿Quieres que conservemos una dulce
memoria de este amor?
Pues amémonos hoy mucho, y mañana
digámonos ¡adiós!

Rima LIV: "Cuando volvemos las fugaces horas..."

(Segunda mitad del siglo XIX)



Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.

Y al fin resbala, y cae como gota
de rocío, al pensar
que, cual hoy por ayer, por hoy mañana,
volveremos los dos a suspirar.

Rima LI: "De lo poco de vida que me resta.."

(Segunda mitad del siglo XIX)



De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.

Y esta vida mortal… y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

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