El sino fatal

(1791-1865)
Don Álvaro o la fuerza del sino.
Acto I, escena VIII


(Ábrese la puerta con estrépito después de varios golpes en ella, y entra EL MARQUÉS en bata y gorro con un espadín desnudo en la mano, y detrás dos criados mayores con luces)
 MARQUÉS. (Furioso.) Vil seductor... hija infame.
 DOÑA LEONOR. (Arrojándose a los pies de su padre.) ¡Padre!!! ¡padre!!!
 MARQUÉS. No soy tu padre... aparta... Y tú, vil advenedizo...
 DON ÁLVARO. Vuestra hija es inocente... Yo soy el culpado... Atravesadme el pecho. (Hinca una rodilla.)

 MARQUÉS. Tu actitud suplicante manifiesta lo bajo de tu condición...
 DON ÁLVARO. (Levantándose.) ¡Señor marqués!... ¡Señor marqués!
 MARQUÉS. (A su hija.) Quita, mujer inicua. (A Curra, que le sujeta el brazo.) ¿Y tú, infeliz... osas
tocar a tu señor? (A los criados.) Ea, echaos sobre ese infame, sujetadle, atadle...
 DON ÁLVARO. (Con dignidad.) Desgraciado del que me pierda el respeto. (Saca una pistola y la
monta.)
 DOÑA LEONOR. (Corriendo hacia don Álvaro.) ¡Don Álvaro!... ¿qué vais a hacer?
 MARQUÉS. Echaos sobre él al punto.
 DON ÁLVARO. Ay de vuestros criados si se mueven; vos sólo tenéis derecho para atravesarme el
corazón.
 MARQUÉS. ¡Tú a morir a manos de un caballero? No, morirás a las del verdugo.
 DON ÁLVARO. ¡Señor marqués de Calatrava!... Mas ¡ah! no: tenéis derecho para todo... Vuestra hija
es inocente... tan pura como el aliento de los ángeles que rodean el trono del Altísimo. La sospecha a que
puede dar origen mi presencia aquí a tales horas concluya con mi muerte; salga envolviendo mi cadáver
como si fuera mortaja... Sí, debo morir... pero a vuestras manos. (Pone una rodilla en tierra.) Espero
resignado el golpe, no lo resistiré: ya me tenéis desarmado. (Tira la pistola, que al dar en tierra se dispara y hiere al marqués, que cae moribundo en los brazos de su hija y de los criados, dando un alarido.)
 MARQUÉS. Muerto soy... ¡ay de mí!...
 DON ÁLVARO. ¡Dios mío! ¡Arma funesta! ¡Noche terrible!
 DOÑA LEONOR. ¡Padre, padre!!!
 MARQUÉS. Aparta; sacadme de aquí... donde muera sin que esta vil me contamine con tal nombre...
 DOÑA LEONOR. ¡Padre!...
 MARQUÉS. Yo te maldigo. (Cae LEONOR en brazos de DON ÁLVARO, que la arrastra hacia el balcón.)

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