Los restos de los amantes de teruel






Las momias de los Amantes de Teruel descubiertas en el año 1555 en una capilla de la iglesia de San Pedro, permanecieron visibles allí mismo hasta el año 1578 en que fueron enterradas de nuevo en la capilla de San Cosme y San Damián de la misma iglesia por orden de don Andrés Santos, obispo de Teruel.

El notario Yagüe de Salas, tras conocer la historia, mandó desenterrar los cuerpos y levantó acta notarial de los mismos así como de toda la historia. Su Protocolo Notarial será pues el documento imprescindible para el conocimiento de tal suceso e historia.
Antiguo mausoleo de los Amantes de TeruelDurante el siglo XVII los cuerpos pudieron ser visitados por el público en la misma iglesia de San Pedro, hasta que por fin se decidió guardarlos en un armario fuera de la iglesia. Fue a comienzos del siglo XVIII cuando, al extenderse la noticia y comenzar a ser visitados por gentes venidas de otros lugares, fueron trasladados de nuevo a un anexo de la iglesia de San Pedro colocándolos esta vez en un panteón. Dado que el panteón no reunía ni las características ni el diseño que merecían los cuerpos de los Amantes, se decidió, a mediados del mismo siglo, recaudar fondos para la construcción de un nuevo panteón más digno. Fue el turolense Policarpio Serrano el encargado de realizar el templete de madera que acogería de nuevo los restos, en una sala del claustro de la iglesia de San Pedro, hasta el año 1902 en que fueron depositados en dos nuevos sarcófagos de madera tallada y con tapa de cristal en el mismo lugar que hoy reposan.
   
Llegada la guerra civil, las momias fueron trasladadas a los sótanos del convento de las Carmelitas de Teruel para su custodia y tras finalizar la guerra fueron devueltas a su anterior ubicación.

Por fin en el año 1955 , año del IV centenario del descubrimiento de las momias, el diario LUCHA de la ciudad de Teruel tomó la iniciativa de llevar a cabo una campaña a nivel nacional con el fin de recaudar fondos para la construcción de un mausoleo digno. Si bien la campaña no tuvo demasiado éxito económico si que se consiguió que Juan de Ávalos visitara la ciudad por invitación expresa de los promotores de la idea. Perplejo ante el horrendo espectáculo que ofrecían las momias, se comprometió a realizar personalmente un mausoleo digno. Pocos meses después de su visita regaló a la ciudad de Teruel su maravillosa obra: el mausoleo de alabastro y bronce en el que actualmente reposan los restos de Diego de Marcilla e Isabel de Segura cuyas manos no llegan a rozarse en símbolo de un amor no culminado.

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